El TLC con Japón: otro contra la producción nacional

Por: Cedetrabajo

Las negociaciones para un Tratado de Libre Comercio entre Colombia y Japón comenzaron en diciembre de 2012. Hasta 2015 se habían realizado 13 rondas y después se realizaron varias reuniones de negociación que culminaron en una última en febrero de 2020. Como producto de esa reunión, el gobierno Duque informó que ya estaba concluida la negociación de la mayor parte de los temas, que sólo estaban pendientes los asuntos de acceso a mercados, normas de origen y que se incorporaba al acuerdo lo contenido en el Acuerdo Bilateral de Inversión aprobado por el Congreso de Colombia en mayo de 2014. En estas condiciones un TLC con Japón está próximo a ser suscrito, pues, aunque las negociaciones en los últimos años estaban prácticamente paralizadas, el gobierno de Duque las revivió a pesar de la promesa en campaña de que no negociaría más Tratados de Libre Comercio durante su período.

Las relaciones comerciales con Japón han sido bastante débiles y Colombia tiene un déficit comercial recurrente que llegó en 2019 a US$ 704 millones y que ha disminuido ligeramente, no por el aumento de las exportaciones colombianas, sino por la caída en las compras provenientes de Japón, pero se ha mantenido en líneas generales estable pues en 2008 era de US$ 707 millones. El comercio ha dependido de la venta de productos minero-energéticos colombianos, de los cuales en 2017 representaban el 35,6 de las ventas nacionales, y el 56% eran agrícolas, de estos el 55% eran café y flores, mientras que la mayor parte de las importaciones provenientes de Japón son automotores, maquinaria y equipo, y metalurgia. Tampoco la inversión japonesa en Colombia es muy significativa pues representa solo el 0,4% de la inversión extranjera en Colombia.

El tratado que se pretende suscribir incluye numerosas disciplinas y sigue el formato del TLC suscrito con EE.UU., en el que se adoptan medidas en materia de compras gubernamentales, propiedad intelectual y otros 16 temas que restringen enormemente el margen de acción del Estado colombiano para promover políticas de desarrollo productivo y social.

Para hacer una firma rápida, Japón propone que se haga un tratado en dos etapas. En la primera no aceptan hacer mayores compras de productos agrícolas, que sería el interés de Colombia, y a cambio aceptan que se restrinja las compras de algunos bienes industriales, pero en todos los demás temas Colombia haría grandes concesiones, y después de 5 años se retomaría la negociación para profundizar la liberalización.

Como será de inequitativa la negociación, que Andrés Espinosa Fenwarth, uno de los principales negociadores de la parte agrícola del TLC con EE.UU., refiriéndose a las críticas de la SAC a este acuerdo, escribió para Portafolio en 2018 que “el país asiático ofrece cuotas sin desgravación arancelaria, calificadas con tino por la SAC como “irrisorias”, representadas por 2 toneladas de yogurt, 10 toneladas de queso, 120 toneladas de pollo, 650 toneladas de carne de bovino y 1.000 toneladas de cerdo. En contraprestación a esta absurda impostura mercantil, Japón exige acceso inmediato –o a corto plazo– en todos los bienes industriales de su interés, como automóviles, motocicletas y electrodomésticos, desbalance comercial a todas luces inadmisible”, y añadió que la parte agrícola de este tratado “sería el peor negocio de la historia comercial de Colombia”.

Japón no ofrece un acceso significativo a las exportaciones colombianas, ya que mediante el anteriormente llamado Tratado Transpacífico -TPP-, hoy CPTPP, el país nipón otorgó el acceso a Perú, Chile y México en varios productos que compiten con las exportaciones colombianas después de que EE.UU. se retiró del mismo. Está por negociarse un limitadisimo acceso de las exportaciones colombianas de lácteos, chocolatería, banano y quesos, en los cuales Colombia tiene una pequeña oferta exportable y tiene que competir con países de África, Nueva Zelanda y Australia, entre otros.

Lo mismo sucede con las aspiraciones colombianas en materia industrial, que se limitan a abonos, colorantes, algunas resinas y cueros, mientras que la aspiración japonesa es profundizar sus exportaciones de alta complejidad. Además, Japón excluye un número mayor de productos agrarios e industriales de la negociación. En esas condiciones la suscripción de este tratado no representa ninguna ganancia comercial y sí una continuación del esquema desigual que ha venido desarrollándose en los últimos años.

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