situación de la industria en Bogotá y Cundinamarca y evolución previsible 2015 -2016

Bogotá, Abril de 2016

El año 2015 fue particularmente difícil para la economía nacional. Después de que culminó el auge minero, el Producto Interno Bruto, PIB, creció apenas 3,1% en 2015, debido principalmente al crecimiento de los servicios financieros, comercio y hoteles que crecieron 4,3% y 4,1% respectivamente y la infraestructura que creció 3,9%. La industria tuvo un pésimo comportamiento creciendo solamente 1,2%, en las ventas creció 2,3% y en el empleo 1%. De este crecimiento, la trilla de café tuvo una variación de 15%, aumento mayor al de cualquier otro subsector, completándose tres años en los cuales esta rama apenas creció alrededor del 1% anual y este crecimiento ligeramente superior se debió en buena medida a la entrada en operación de la Refinería de Cartagena. Las otras actividades que contribuyeron positivamente al crecimiento industrial fueron la elaboración de alimentos para animales (13,8%), la fabricación de artículos de viaje (11,3%), madera (8%) y procesamiento de carne, pescado, crustáceos y moluscos (6,5%). La industria continúa perdiendo participación en el PIB (12%) y los establecimientos financieros representan casi la cuarta parte de la economía (22%).

En el agro el único sector que creció significativamente fue el café que creció el 15,6 por ciento y aportó el 54,1 por ciento del total del PIB agropecuario y en el último trimestre creció 25 por ciento y, al efecto dañino de las importaciones de alimentos se le sumó la intensa sequía.

Entre enero y diciembre de 2015, con relación al mismo periodo de 2014,  las que tuvieron un desempeño negativo fueron actividades que por su naturaleza tienen mayor valor agregado en su fabricación, por lo que su resentimiento tiene más impacto negativo sobre la industria. La fabricación de carrocerías para automotores cayó 16,5%, la de autopartes y accesorios bajó 9,3%, productos de cuero 7,8%.

En el resto de la economía, la construcción, específicamente las obras civiles, continúa siendo la impulsora del crecimiento (4,3%). El comercio, una actividad cuyo futuro depende necesariamente de la producción real, creció 4,1%.

En materia comercial la situación es igualmente lamentable. El déficit en la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, según datos del Banco de la República sumó US$ 18.925 millones, lo cual representa el 6,5% del PIB. Éste no solo es el más alto en la historia, sino que sobrepasa cualquier predicción. En materia de comercio de bienes el déficit fue US$15.907 millones, cuando en 2014 había sido de US$6.292 millones.

Las exportaciones de bienes del país durante 2015 totalizaron US 38,125 millones, con una disminución anual de 33.0% (US$ 18,798 millones). El descenso del valor total exportado se originó principalmente por las menores ventas externas de petróleo y sus derivados (US$ 14,646 millones), y en menor medida por la caída en el valor exportado de carbón (US$ 2,250 millones) y de productos industriales (US$ 1,403 millones) El menor valor despachado de petróleo crudo se explica por la reducción en 50.1% de su precio de exportación. El valor exportado de café registró un crecimiento anual de 2.2%, explicado en su mayoría por el incremento de las cantidades vendidas.

El comercio exterior de servicios registró en 2015 un balance deficitario de US$ 3,981 millones, inferior al de un año atrás en US$ 2,701 millones. Este déficit fue resultado de ingresos por US$ 7,265 millones y egresos por US$ 11,247 millones.

El 46% del déficit comercial es originado por los tres tratados de libre comercio más grandes que ha firmado Colombia: Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea. Si se suman Japón y Corea, con quienes se está buscando un acuerdo, llega al 56% del déficit.

Para noviembre de 2015 Colombia siguió ahondando su condición de país proveedor de materias primas y comprador de mercancías, lo que lesiona cada vez más sus relaciones comerciales con el mundo. Las exportaciones del sector minero aportaron US$ 16.278 millones en ingresos comerciales al país, lo que alcanzó apenas para pagar el 30% de las importaciones industriales, cuyo sector acumuló un déficit por US$ 31.030 millones.

A eso que se denominan déficits gemelos, déficit fiscal y déficit comercial, se suma la creciente participación del pago de la deuda externa como porcentaje del PIB que paso de 27% en 2014 a 37% en 2015.

Para solucionar esto el gobierno está adoptando medidas como el incremento de las tasas de interés (que aumentaron 3 veces durante 2015) que encarecen el crédito y desalienta los negocios y una drástica reforma tributaria que al parecer tendrá como centro el aumento del IVA, impuesto que afecta a los sectores populares y las capas medias principalmente, con lo cual aspira recaudar cerca de 10 billones de pesos suma con la que no se alcanza a compensar el faltante de 30 billones en el presupuesto de la nación.

Y ante el alza de las tasas de interés en Estados Unidos, decretada por la Reserva Federal, la cual junto con el descenso en los precios de las materias primas,  que ha precipitado una atracción de los capitales hacia Estados Unidos y una disminución del ingreso de los  mismos al país, se está previendo el otorgamiento de mayores beneficios y privilegios a los inversionistas extranjeros que en buena medida se concentran en las inversiones de portafolio.

Además del IVA, ya han aumentado muchísimos productos y bienes regulados por encima de la inflación causada. El transporte público de pasajeros en Bogotá subió por encima del 11% y en iguales proporciones lo hicieron las tarifas de energía eléctrica y de otros servicios públicos, de tal forma que la inflación aumenta muy por encima de lo programado por el gobierno, agudizada porque la dependencia de la importación de alimentos con dólar caro dispara muchos precios.

Lógicamente esto afectará negativamente el crecimiento de la economía, especialmente el mercado interno que no se vio particularmente beneficiado por los enormes ingresos provenientes de varios años en los cuales el petróleo superó los US$100 el barril y las tasas de interés eran de cero.

Es preocupante la amenaza – aun no despejada del todo – de un racionamiento eléctrico que puede tener efectos muy perjudiciales para la industria y el bienestar ciudadano. Durante años se dieron subsidios como el de confiabilidad y el de los combustibles líquidos y se confió en que el mercado resolvería satisfactoriamente el suministro en un sector de importancia estratégica y que requiere una fuerte regulación del Estado y cuantiosas inversiones que los privados no están dispuestos a hacer. El gobierno priorizó solamente la infraestructura en carreteras desconociendo que la energía también es parte sustancial de la infraestructura que requiere  el país.

La situación social sigue siendo preocupante, a pesar de que según la metodología oficial solo se considera pobre aquel que gane menos de $ 7.060 al día, o sea  $ 211.807  mensuales, aun así, el 28,5 por ciento de la población se encuentra en esta situación y la tasa de desempleo llegó en enero de 2016 a 11,9 por ciento, la más alta de la región y la informalidad llega al 43 por ciento.

Todos estos factores han hecho que los pronósticos sobre el crecimiento del PIB en 2016, de diversas entidades incluyendo el gobierno, se hayan modificado varias veces a la baja, coincidiendo en que estará por debajo del 3%.

En cuanto a las NIIF que son de obligatoria aplicación rápida en Colombia, el gobierno ha desconocido que aunque se aplican en varias partes, esta aplicación se refiere principalmente a las grandes empresas con responsabilidad pública y que transan en las bolsas de valores. En Estados Unidos por ejemplo, solo las usan 500 grandes empresas registradas en la bolsa y son usadas por solo el 52 por ciento de las grandes empresas del mundo. Además se restringen a aquellas empresas que participan en el mercado mundial. En un país en el cual el 96% de las empresas son pequeñas y medianas y que muy pocas de ellas tienen operaciones internacionales, esto representa un sobrecosto millonario para un sector que cuenta con muy pocas herramientas de apoyo estatal. Además, al prohibir la mayoría de los diferidos las empresas terminan arrojando pérdidas con la consecuente baja de su valor. Pareciera que el afán de implantar las normas NIIF fuera perseguir que el aparato productivo colombiano perdiera valor.

En Bogotá la situación no dista de la realidad nacional. En ese mismo sentido y por efecto de la coyuntura económica, las decisiones del Gobierno, los TLC, el número de quiebras y la disminución de la competitividad por medidas económicas como las rebajas, incluso a 0, de aranceles, la producción nacional ubicada en Bogotá y Cundinamarca está perdiendo de manera acelerada una porción importante del mercado interno.

En el caso particular de Bogotá, la industria representa tan sólo el 10% de su economía y todos los indicadores de la industria manufacturera tuvieron una variación acumulada negativa en el año 2015, la producción cayó un -2,7%; las ventas en -0,5%; y la ocupación laboral en el sector en -2,5%. Si se analizan los sectores manufactureros de Bogotá, la realidad de la industria bogotana está pasando por uno de sus peores momentos, para el cuarto trimestre del 2015 el sector de vehículos y autopartes fue el sector más afectado con -18,3%, seguido de la fabricación de maquinaria y equipo con -10,4% y producción de básicas de hierro y acero con -4,5%.

Y aunque en el Proyecto de Plan de Desarrollo de Bogotá se plantean ciertas ayudas en capacitaciones y asesorías para las empresas bogotanas, le hace falta incluir en el documento una clara política industrial que propicie un cambio de tendencia de la industria local.

Una economía no puede crecer sin fomentar los encadenamientos productivos, empleos estables y bien remunerados, conocimiento científico y tecnológico, contribución social vía creación de empresas, sustitución de importaciones, fortalecimiento del mercado interno, en general, más riqueza nacional.

Como no ha habido un país que haya logrado un alto grado de desarrollo económico prescindiendo del de la industria, ACOPI Bogotá – Cundinamarca considera fundamental  para el desarrollo integral del país y nuestra ciudad, que tanto el Gobierno Nacional como el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo; la Gobernación de Cundinamarca y la Alcaldía Mayor de Bogotá, adopten una política industrial que incluya esas premisas. Con ese objetivo, esta Seccional continuará aunando esfuerzos con sus afiliados y demás organizaciones de propendan por la defensa de la industria nacional.

 

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