Contexto económico de la MiPyME 2016 -2017

Bogotá, Mayo de 2017

En 2016 el crecimiento del PIB en Colombia fue apenas del 2%, la cifra más baja desde el 2009, mientras la deuda externa pública ascendió  a USD 120.010 millones y representó un 42.5% del PIB. La deuda interna llegó a $378,7 billones, el nivel mas alto desde el año 2000, mientras el recaudo tributario para atenderla no creció al mismo ritmo. Por su parte la inflación superó el 7%, desbordando la meta esperada, y el consumo de los hogares se desaceleró como consecuencia del aumento de la tasas de interés, impulsadas por sucesivos incrementos de la tasa de redescuento que el Banco de la República incrementó seis veces y se ubicó al terminar el año en el 7,5 %. Lo anterior originó también un aumento de la morosidad de los créditos, que en enero de 2017 alcanzó los $15,2 billones, con un incremento de 27,5% en relación con el mismo mes del año anterior.

En cuanto al comercio exterior, las cifras tampoco fueron mejores. Según el FMI, el saldo comercial de Colombia muestra un déficit de US$ -13.881,69 millones FOB para el 2016 – la segunda peor cifra desde 1980- teniendo una caída estrepitosa desde el año 2011, cuando el superávit era de US$ 5.358 millones FOB – la cifra más alta en los últimos 37 años-. Este débito está compuesto en gran parte por el considerable crecimiento de las importaciones, frente al bajo incremento de las exportaciones a la mayoría de países con los que se tienen Tratados de Libre Comercio.

De los 16 TLC vigentes, se tienen cifras positivas solo con algunos países de Latinoamérica y  la Unión Europea, mientras que los datos negativos más representativos se registran con los más importantes socios comerciales, como son México (USD 2.473.859.000), Estados Unidos (USD 1.826.989.000), Corea (USD 486.842.000), y Canadá (USD 379.311.000). Muy preocupante aparece también el saldo comercial negativo con China (USD -7.524.153.000), nación con la cual no se ha suscrito TLC, y desde donde se están importando productos, como el calzado y las confecciones, que antes eran producidos en Colombia.

Los anteriores indicadores muestran que el modelo económico vigente no ha producido los resultados esperados, pues luego de provocar la reprimarización de la economía, e insertarla en la burbuja de la bonanza minero-energética que luego se desinfló, no ha generado mejoramiento de la productividad y competitividad de las empresas colombianas que mediante grandes esfuerzos logran insertarse en el mercado internacional,  en contravía de las promesas del Gobierno que aseguraban que ese sería el mayor beneficio del libre comercio y de la firma de tratados de libre comercio.

En esta perspectiva el golpe mas fuerte ha sido para el sector manufacturero, que se ha visto desplazado por la gran cantidad de importaciones de bienes, que en un principio eran de capital, alta tecnología y algunos intermedios, pero que ahora también son de consumo,  que antes eran producidos en el país. Según el DANE, la industria nacional inició el 2017 con cifras negativas, ya que la producción manufacturera se contrajo en un 0.2% respecto de enero 2016. A esto debe sumarse que para octubre del 2016, la variación en la producción real fue de sólo el 0.4%, sin contar la refinación de petróleo y la mezcla de combustibles, y que sectores de la producción que históricamente habían impulsado la economía nacional también mostraron decrecimiento. A marzo de 2017, las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas presentaron una variación de -10,6%, mientras que las importaciones de estos sectores crecieron el 13,5%.

A nivel nacional, entre enero de 2016 y enero de 2017, la industria manufacturera, sin la refinación de petróleo, tuvo un comportamiento negativo de -0,6% en la producción real, de -0,5% en ventas reales, y 0,1% en el empleo. En este mismo periodo, las exportaciones de manufacturas, incluyendo los productos mineroenergéticos, presentaron una reducción de -10,2%, en tanto que las importaciones crecieron un 0,8% según el DANE. Así mismo, la producción para enero de 2017 se contrajo en -0,2%, mientras que en el mismo mes de 2016 esta fue de 7,4%, lo que se debió “…a la perdida de dinámica del mercado interno, el menor crecimiento del subsector de refinación de petróleo y sus derivados, y además (SIC) subsectores que venían creciendo, cayeron o moderaron su ritmo de crecimiento, como es el caso de la fabricación de prendas de vestir y confecciones que decreció 5,7% y la fabricación de productos de metal que sólo creció 1,3%.”

Esta mista tendencia se presentó en Bogotá, en donde las cifras de industria también cayeron: producción real en -3,1%; ventas reales en -2,4%; y empleo en -0,7%,  números alarmantes, si se tiene en cuenta que para 2015 la capital tuvo el nada despreciable 25.2% de la participación en el PIB nacional y que las exportaciones per cápita son de U$306.8, mientras que las importaciones son de U$2,753.7,  casi 10 veces más que las primeras.

La balanza comercial capitalina para el 2016 presentó una caída en las exportaciones del 9,8%, al pasar de US$ 2.714 millones en 2015 a US$ 2.448 millones en 2016. Las actividades económicas que más se precipitaron fueron: productos farmacéuticos (26,1%), textiles (18,9%) y productos informáticos (11,5%). Estas exportaciones tuvieron como principales destinos Estados Unidos, que redujo sus compras en 3,0%; y Ecuador, que las redujo en 17,7%.

Bogotá fue el principal destino de las importaciones con una participación del 48,9%, seguida por Antioquia con el 14,8%, Cundinamarca con el 9,1% y Valle del Cauca con 8,3%. Las importaciones a la ciudad fueron en un 38,5% de materias primas, 26,9% de bienes de consumo, 34,1% de bienes de capital, y 0,4% de bienes no clasificados: el 99,5% de las importaciones fueron en bienes primarios y secundarios, cifra angustiante si se recuerda que las exportaciones son diez veces menores.

Las clases de bienes que ingresaron a la ciudad en diciembre de 2016 son manufacturas en un 95,8%, y 3,6% de bienes primarios. Las manufacturas más importadas son: 33,1% de alta tecnología, 29,5% de tecnología media, y 24,6% las basadas en recursos naturales. En todo el año, los bienes importados fueron en un 94,3% productos industriales, 4,9% de bienes agropecuarios y mineros, y 0,7% a otras transacciones y artículos sin información. Estas cifras componen el comportamiento negativo de -0,4% en 2016 de la industria capitalina. Según el Observatorio de Desarrollo Económico de la Alcaldía Mayor de Bogotá D.C., los sectores que más contribuyeron al descenso en Bogotá fueron: maquinaria y equipo (-7,6%); vehículos, autopartes y otros tipos de equipo de transporte (-6,9%); hierro, acero, elaborados de metal, minerales no metálicos y metales preciosos (-6,5%).

Junto a las masivas importaciones, pocas exportaciones, e insuficiente crecimiento económico, el índice de confianza de los industriales arrancó el año en negativo con una cifra de -2,7%, “explicado por las menores expectativas que aumente el volumen de pedidos y que los inventarios aumenten en lo corrido del año”, de acuerdo con el  Observatorio. En cuanto a los consumidores, el índice de confianza en Bogotá fue de -35,2%, descendiendo en 5,5 puntos porcentuales respecto de enero 2016. Estas variables afectan gravemente la industria bogotana, explicando en cierta medida la pérdida en el mercado interno y el cierre de varias empresas.

Según la Cámara de Comercio de Bogotá, de enero a noviembre de 2016 se registraron 89.451 empresas más que al mismo mes de 2015. Sin embargo, las empresas liquidadas para el mismo periodo fueron 10.126, el 12,7% de la cifra de empresas que se crearon. De las empresas creadas, 87.592 son micro (97,9%), con una tasa de ‘mortalidad empresarial’ del 11% (9.643); no obstante, esta cifra es más alta en grandes empresas, de las cuales se liquidaron 21, el 72%.

Ante la evidente situación de desindustrialización que se registra en Bogota y el claro desinterés reflejado en el Plan Distrital de Desarrollo, que redujo el presupuesto de la Secretaría de Desarrollo económico, del 10 a menos del 1 por ciento, la Regional elaboró una propuesta que presentó ante la administración distrital, en la cual se explicaba la importancia de la industria como fuente generadora de empleo y desarrollo tecnológico, haciendo énfasis en las graves circunstancias en las que esta se encuentra, y la necesidad de solicitarle al gobierno nacional renegociar los Tratados de Libre Comercio, que han demostrado ser acuerdos comerciales que han servido para comprar y no para vender, dado que están estructurados de tal forma que se genera una competencia inequitativa.

El documento contenía asimismo proposiciones en lo referente a políticas de fomento y apoyo a la industria manufacturera, tales como la priorización de la contratación con empresas radicadas en la ciudad, promoviendo la libre competencia; la reducción y establecimiento de tarifas preferenciales para los servicios públicos, así como descuentos en la tributación local; la fijación de líneas de crédito blando para infraestructura, bienes de capital y producción; y la coordinación constante entre los gobiernos distrital y el nacional para combatir el contrabando. También se sugirieron cambios en lo respectivo a la relación entre el sector industrial y agropecuario de la ciudad, y se plantearon proyectos específicos y concretos para los temas de innovación, emprendimiento, y empleabilidad para mujeres.

En congruencia con la sistematica actitud de desentendimiento frente a los problemas que afectan a la pequeña y mediana industria, esta la propuesta no fue tenida en cuenta, y como consecuencia los problemas tienden a agravar.

En medio de este difícil contexto nacional y distrital y ante  la ausencia de políticas gubernamentales en los diferentes niveles territoriales, Acopi Bogotá-Cundinamarca ha mantenido una actitud vigilante y seguirá emprendiendo acciones en defensa de la industria, la producción y el empleo de los colombianos, entablando diálogos con las instituciones sin perder su independencia, y teniendo una actitud proactiva que beneficie a las MiPyME.

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